Desnaturalizando fronteras para entender la escuela. Pensar y aprender con chicos y chicas - Segunda parte. La interlocución y el trabajo colaborativo con Niños, niñas y adolescentes en el estudio de procesos escolares - Bordes, límites y fronteras. Encuentros etnográficos con niños, niñas y adolescentes - Libros y Revistas - VLEX 850309926

Desnaturalizando fronteras para entender la escuela. Pensar y aprender con chicos y chicas

AutorAlejandra Otaso y Santiago Sburlatti
Páginas125-153
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Alejandra Otaso y Santiago Sburlat ti
Introducción
El presente trabajo toma escenas de dos investigaciones etnográficas para dar
cuenta del modo en que la participación de niños, niñas y adolescentes (en adelan-
te, NNA) en nuestro trabajo de campo posibilita comprender sucesos vinculados
a procesos educativos que a menudo desnaturalizan lo que llamamos lo escolar, en
términos de una especie de universo generalizable y que, a su vez, conlleva efectos
de generalización de verdad. Desde una conceptualización compleja de la escuela,
con las definiciones y trabajos de investigación que aportan a una lectura situada
y crítica (básicamente Nespor, 1997 y Milstein, 2009), nos proponemos presentar
una reflexión que interpela los sentidos tradicionales de ese universo al que apela
la escuela y lo escolar. Los episodios en nuestras investigaciones etnográficas buscan
problematizar el adentro/afuera de la escuela, para crear condiciones reales para la
construcción de conocimiento con los chicos y las chicas, nuestros interlocutores y
colaboradores en el campo.
El encuentro que proponemos entre estas dos experiencias etnográficas —sepa-
radas en tiempos y espacios— procura revelar el modo en que pudimos construir
nuevas preguntas acerca del adentro y afuera escolar y, desde allí, presentar algunas
prácticas que nos ayudaron a desnaturalizar la escuela desde nuestra relación con los
chicos y chicas. En este sentido, entendemos que nuestros trabajos de campo han
logrado problematizar los formatos escolares con un planteamiento que interpela
sus fronteras. Así como la naturaleza del diálogo con los NNA nos ha llevado a discu-
tir una conceptualización de niñez fuertemente impregnada de lo escolar, también
nos ha permitido reflexionar acerca del modo en que constituimos y definimos a
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los NNA en esas experiencias de campo. Las escenas que presentamos aquí intentan
mostrar cómo estas experiencias compartidas con los chicos y chicas nos atravesaron
en una relación intersubjetiva, cuyo impacto nos hizo problematizar los discursos
sobre sus agencias. A la vez, esos encuentros nos permitieron volver inteligible lo
escolar desde las maneras de vivir, representar y transformar la vivencia de escuela
que cotidianamente producen estos NNA.
Una de estas investigaciones se desarrolló, por Alejandra Otaso, en la ciudad de
La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, en una escuela primaria pública. La
otra, por Santiago Sburlatti, se llevó a cabo en la localidad de Perico, en la provincia
de Jujuy, en las inmediaciones rurales productoras de tabaco.
En el primero de los casos, el proyecto titulado Niños y Jóvenes en la Normalidad
de la Escuela: Experiencias de Alteridad en la Escuela Primaria 1171 de la Ciudad
de La Plata fue encontrando interrogantes y desafíos en la cotidianidad del “estar
ahí”. Al participar de muchas actividades entre grandes y chicos, la interpelación
crítica con respecto al orden discursivo de lo escolar y los riesgos de sus reificaciones
me enfrentó a la problematización de ciertas categorías que ordenan tanto la vida de
la escuela como el discurso. El “tiempo de escuela” se hizo emblemático de un dis-
curso que dialogaba con mi experiencia etnográfica, invitándome al extrañamiento
frente a las limitaciones de una racionalidad dominante. En esa desnaturalización,
iba advirtiendo consideraciones políticas y culturales acerca de la escuela y los pro-
cesos educativos desde dimensiones espaciotemporales que le imprimen límites y
también la universalizan.
Como se detallará más adelante, los chicos ayudaron a estar y ver de otra ma-
nera, y aportaron sustantivamente al proceso de extrañamiento y construcción de
datos en la experiencia etnográfica. Durante la intensa observación participante del
trabajo de campo, empecé a compartir clases, recreos, reuniones con padres, fes-
tejos, reuniones escolares con los docentes, actos, fiestas, la entrada y la salida a la
escuela; conversé con los niños y las niñas, y con sus padres. Así, accedí a una franca
interacción con ellos, en un encuentro que paulatinamente fue independizándose
de la mediación de los otros adultos de la escuela (docentes o personal auxiliar). Eso
me permitió dialogar y trabajar con ellas y ellos desde un lugar diferenciado y no
necesariamente mediatizado por la influencia escolar. Por eso, los NNA se incorpo-
raron como colaboradores en algunas tareas, según lo que vi que les interesaba, y,
poco a poco, participaron en diversas acciones. El diálogo cotidiano me permitió
1 En la provincia de Buenos Aires, las escuelas se nombran por número. La ciudad de La Plata cuenta con algo
más de 120.
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