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Empresarios y crisis en los años cincuenta y noventa

AutorAngelika Rettberg
Páginas11-48
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Empresarios y crisis
en los años cincuenta y noventa1
El presidente Ernesto Samper no fue el primer presidente colombiano
en enfrentar las exigencias de renuncia de un frente gremial unido. A media-
dos del siglo pasado, en los años cincuenta, el Gobierno militar del teniente
general Gustavo Rojas Pinilla también padeció la oposición de la comunidad
empresarial. Sin embargo, mientras Rojas Pinilla fue obligado a dimitir y salió
del país hacia el exilio en 1957, Ernesto Samper se convirtió en el símbolo de
la supervivencia política. En este capítulo, se presenta una suerte de reportaje
de los acontecimientos ocurridos en las décadas de 1950 y 1990 para ofre-
cer el contexto en donde surgen las preguntas a las cuales este estudio busca
responder.
Los empresarios y el derrocamiento del teniente general
Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957)
A comienzos de los años cincuenta , Colombia estaba inmersa en una san-
grienta guerra civil. Después del asesinato del candidato presidencial liberal
Jorge Eliécer Gaitán en 1948, el conicto de baja intensidad que se había ini-
ciado en los años cuarenta, se convirtió en un esfuerzo de aniquilación mutua
entre los dos partidos tradicionales colombianos, el Liberal y el Conservador.
Más de doscientas mil personas murieron durante los siguientes años. Por
1 Rettberg (2001a) contiene una versión abreviada de este capítulo.
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la irrestricta crueldad de la confrontación, la época se conoce someramente
como la Violencia.
Al cabo de varios años de conicto, la magnitud de la matazón dio pie a
que las élites colombianas de ambos partidos buscaran poner n a la violencia .
En buena parte, y así ha sido documentado por diversos académicos (Hartlyn,
1988, 1985, 1984; Sáenz, 1992, 2002; Wilde, 1978), ello se debió a que el conicto
comenzó a afectar sus intereses económicos. Sin embargo, sus esfuerzos se
vieron obstaculizados por la reticencia del presidente conservador Laureano
Gómez, quien insistió en la persecución de los liberales.
El momento coincidió con la consolid ación del liderazgo del teniente general
Gustavo Rojas Pinilla dentro de las Fuerzas Armadas. Pero su lealtad a Mariano
Ospina, rival Conservador de Gómez, lo convirtió en una presencia incómoda para
el Gobierno. Como resultado, Rojas fue nombrado en varios cargos diplomáticos
en el extranjero (Szulc, 1959: 223). Sin embargo, alejarlo no fue suciente para el
gobierno. Poco después de su regreso de una de estas misiones diplomáticas, el
13 de junio de 1953, Rojas Pinilla, entonces comandante en jefe de las Fuerzas
Armadas, supo que Laureano Gómez planeaba destituirlo. Con este acto, Gómez
estaba arriesgándose a alienar a las Fuerzas Armadas, uno de los pocos estamentos
que aún apoyaban al Gobierno en este momento de profunda cri sis. Conrmando
los temores Rojas, con el apoyo de las Fuerzas Armadas y de la facción ospinista
del partido Conservador (Hartlyn, 1984: 40), se dirigió al Palacio Presidencial para
exigir la renuncia del presidente y favorecer a su delegado, Roberto Urdaneta.
Tanto Urdaneta como Ospina, a quien también se le ofreció el cargo, rechazaron
la oferta y así Rojas Pinilla fue proclamado presidente de Colombia mientras que,
aquella misma noche, Gómez fue puesto bajo arresto domiciliario.
Rojas prerió referirse a este acontecimiento como golpe de opinión (Urán,
1983: 68-69; Bushnell, 1993: 215). Se basaba en el apoyo inmediato que había
recibido su gobierno de las élites Liberales y Conservadoras, el sector empre-
sarial y la Iglesia católica, quienes consideraron el hecho una solución transi-
toria razonable para la creciente ingobernabilidad política (Echeverri, 1986:
11-112; Hartlyn, 1985: 115). Desgastados por largos años de conicto partidista,
muchos experimentaron un alivio; esperaban que un Gobierno no partidista
acabara con la violencia. Entonces acl amaron a Rojas como “el segundo liberta-
dor” (Galvis y Donadío, 1988).
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El general no decepcionó a sus partidarios: “pacicó” progresivamente el
país mediante una fuerte disciplina militar y los líderes de los bandos liberales y
conservadores gradualmente se entregaron y depusieron las armas (Bermúdez,
1997: 153; Bushnell, 1993: 216; Galvis y Donadío, 1988). Pero el apoyo al presi-
dente duró poco, pues fracasó en su intento por detener totalmente la violen-
cia partidista (Bushnell, 1993: 217, 221-222). Amparado por un estado de sitio
permanente —mediante el cual se suspendían las garantías constitucionales—,
el régimen se hizo cada vez más represivo, por ejemplo, cerrando los diarios
(Bushnell, 1993: 216-217). Finalmente, los crecientes escándalos por corrupción
de personas cercanas al Gobierno y del propio mandatario pusieron a prueba la
lealtad de sus seguidores.2
Por otro lado, contrario a las expectativas de que un Gobierno de unidad
nacional y suprapartidista contribuiría al progreso económico, aquel dejó al
país “agobiado por deudas internas y externas” (Szulc, 1959: 34). Según uno de
los estimativos, Colombia contrajo una deuda externa de USD$450 millones —a
corto plazo— (Szulc, 1959: 241), mientras que las reservas internas se redujeron
a USD$70 millones (Echeverri, 1986: 135). El crecimiento económico disminuyó
de casi 7% en 1954, a aproximadamente 4% en 1955 y 1956, y al 2,2% en 1957 (v.
gura 1). Simultáneamente, la política de gasto compensatorio del Gobierno
generó un décit scal sin precedentes (v. gura 2). Finalmente, la inación se
disparó de aproximadamente 4% en 1954 a más de 23% en 1957, lo cual incre-
mentó el costo de vida (v. gura 3).
En el campo scal, una reforma de 1954 aumentó los impuestos para el
sector privado. En particular, la reforma gravó los dividendos de las acciones y
los bonos corporativos (Echeverri, 1986: 115; Hartlyn, 1985: 115; Dix, 1967: 118).
Según Echeverri (1986: 115), esta ‘doble tributación’ descapitalizó el 50% de las
2 Rojas fue acusado de convertirse en un próspero ganadero durante su mandato, lo cual le
valió un juicio en el Senado a su regreso del exilio en 1959 (Galvis y Donadío, 1988: 544-550).
Fue juzgado por varios cargos, incluido el contrabando de ganado, la obtención de créditos
personales en bancos comerciales, el tráco de inuencias y el uso de fondos públicos para
adquirir tierras y colonizarlas. El 2 de abril de 1959, el Senado decretó que el exmandatario
había empañado la dignidad de la institución presidencial. Sus derechos políticos y su pen-
sión (como antiguo ocial del ejército y ex presidente) fueron eliminados. No obstante, una
sentencia de la Corte Suprema de Justicia en 1966 restableció su pensión y sus derechos. Cf.
Rojas (1959) y Semana (1996g: 44-45).

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