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Itinerario de viaje: recorridos por la(s) identidad(es) y la(s) verdad(es)

Autor:Mónica N. Acosta García
Páginas:151-189
 
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Itinerario de viaje: recorridos
por la(s) identidad(es) y la(s) verdad(es)*
Mónica N. Acosta García**
Un viaje,
no importa lo desastroso que resulte,
en la memoria
se transforma en algo maravilloso.
Eso es. No tires los objetos
que te despiertan buenos recuerdos.
¡Y háblanos de ese viaje!
Yoshimoto, 2014
Escuchar un son cubano al lado de la estatua de Hemingway en “La Floridi-
ta”. Caminar las calles de Edimburgo, oyendo a un escocés típico tocando la
gaita. Degustar la mejor pizza bonaerense con una Quilmes en El Cuartito.
Recordar las letras de las canciones de Los Beatles mientras recorres las calles
* Este artículo constituye un avance en la tesis que la autora realiza en su Doctorado en
Derecho de la Universidad del Rosario y en su Doctorado en Sociología Jurídica de la Universidad
del País Vasco.
** Abogada e internacionalista con Maestría en Sociología Jurídica del Instituto Internacional
de Sociología Jurídica de Oñati y candidata a doctora en Derecho de la Universidad del Rosario
y en Sociología Jurídica de la Universidad del País Vasco. Miembro de la Escuela Intercultural de
Diplomacia Indígena —eidi—, del Observatorio de Redes y Acción Colectiva orac— y del
Centro de Estudios Políticos e Internacionales —cepi— de la Universidad del Rosario.
Narrativas y experiencias interculturales
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de Liverpool. Comer ají de gallina y suspiro limeño en un restaurante de
Miraflores. Recorrer la costa oeste de Estados Unidos y visitar lugares ini-
gualables como el Gran Cañón y la reserva natural de los indígenas navajo,
Monument Valley. Alimentar las gaviotas que se acercan cuando viajas sobre
el lago Nahuel Huapi. Caminar el Zoológico Nacional de Washington D.C.
con una amiga mexicana, que desde que nació no ha podido ver el mundo,
solo oírlo. Disfrutar de los paisajes, los colores, los olores de la cordillera de
los Andes cuando haces el Cruce Andino desde Bariloche hasta Puerto Varas.
Tomarse una foto con las estrellas del paseo de la fama de Hollywood Boule-
vard. Montar en bicicleta por las calles de Ámsterdam. Andar por el Camino
del Inca para finalmente disfrutar de la energía de Machu Picchu. Beber un
chocolate suizo en la estación de tren más alta de Europa, Jungfraujoch (3466
msnm). Apreciar unos buenos vinos en la bodega de Susana Balbo, primera
mujer enóloga argentina. Celebrar con amigos el fin de año con fuegos ar-
tificiales en frente del Big Ben, del río Tamesis y del London Eye. Recordar
las clases de historia mientras caminas las calles de Roma. Ir a la pastelería
Ladurée o a la Antiga Confeitaira de Belém y deleitarse con todas sus dul-
ces creaciones. Caminar durante el verano (a 35 grados) por el mercado de
La Boquería en Barcelona o la Plaza Mayor en Madrid y disfrutar de una
sangría. Hacer compras en el bazar antiguo de Jan el-Jalili en El Cairo y que
los vendedores te griten Shakira por tu aspecto físico. Dormir una tarde de
primavera en los jardines del centro de Bournemouth. Encontrar todas las
culturas del mundo en un pequeño lugar: el Times Square. Son experiencias,
sensaciones, emociones que reflejan una de mis pasiones: los viajes, conocer
los paisajes inigualables, los idiomas, las comidas y las culturas (imagen 1).
Algunos se preguntarán por qué solo incluí vivencias internacionales. Y
aunque no cambiaría los atardeceres de los llanos colombianos; la calidez de la
gente en la zona cafetera; la variedad de los climas en cualquier época del año;
los colores del mar Caribe; las montañas que me acompañan todas las maña-
nas, el contacto con los “otros” me ha hecho preguntarme sobre mi identidad
o, mejor, mis identidades. Y es que yo me convertí en “latina” cuando salí de
Colombia. En Bogotá durante mi adolescencia nunca cuestioné mi origen,
mi idioma, ni mis rasgos físicos. En últimas, tengo las mismas características
físicas de la mayoría de mis amigos, familiares, conocidos, compatriotas (ojos
café oscuro, pelo castaño, piel trigueña), pero no las mismas prácticas cul-
turales de “otros” colombianos, como los indígenas o los afrodescendientes.
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Sin embargo, es fácil y evidente para los “otros” extranjeros identificar en la
primera impresión de dónde vengo, qué idioma hablo, cuáles aspectos me
caracterizan, etcétera. Entonces, ¿es posible que todos los latinos/colombia-
nos indígenas, no indígenas, afrodescendientes, raizales entremos en
una misma categoría de identidad? Si nos encajan en la misma identidad,
¿qué implica la intersección entre las categorías de género, etnia, sociedad e
individuo?, ¿cuáles identidades surgen de esa intersección? Y esa relación de
diversas categorías, ¿qué ha generado sobre mi identidad/mis identidades y
mi trabajo de investigación?
Imagen 1. Itinerarios de viaje: América, Europa y África
Fuente: fotografías de Mónica Acosta

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