Profesor Doctor José Luis Díez-Ripollés - Núm. 17, Enero 2017 - Cuadernos de Derecho Penal - Libros y Revistas - VLEX 695398481

Profesor Doctor José Luis Díez-Ripollés

Autor:Ingrid Bibiana Muñetones Rozo
Páginas:219-234
 
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Entrevista
ISSN: 2027-1743 / 2500-526x [En línea], enero-junio de 2017
PROF. DR. JOSÉ LUIS DÍEZ-RIPOLLÉS
Ingrid Bibiana Muñetones Rozo
C.D.P. Profesor, por favor, cuéntenos acerca de su formación y de
su trayectoria académicas.
Profesor DÍEZ-RIPOLLÉS: Mi trayectoria como jurista tarda
en consolidarse, no puedo decir que haya sido una vocación ori-
ginaria. Cuando accedo a la universidad en el año 1968, en unos
momentos de gran inquietud política y social en Europa, y toda-
vía más en España por razones ligadas al régimen dictatorial que
sufríamos, mis preocupaciones estaban muy centradas en el cam-
bio de ideas generacional que la juventud estaba impulsando, así
como en el cambio político imprescindible en mi país, de los que
me sentía partícipe. No me quise cerrar caminos de antemano, y
me matriculo simultáneamente en dos licenciaturas en la Univer-
sidad de Zaragoza (España), mi lugar de nacimiento y residencia,
la carrera de Filosofía y Letras, que entonces era la vía para espe-
cializarse en Psicología, y la carrera de Derecho. En el fondo, lo
que a mí me hubiera gustado estudiar era Filosofía, pero tuve la
impresión de que no era una buena opción en términos de ganarte
la vida de un modo aceptable. Los dos primeros años curso ambas
carreras de modo paralelo, mientras participo intensamente en el
movimiento estudiantil. En 1970 debo trasladarme a la Universi-
dad de Barcelona para desarrollar mi especialización en Psicología
durante tres años y, tras unos meses de estancia allá, decido dejar
en segundo plano la carrera de Derecho, de la que solo curso algu-
nas asignaturas aisladas esos años. En realidad, Derecho me había
decepcionado, tanto en Zaragoza como en Barcelona. Solo unos
pocos de mis profesores habían sido capaces de salirse del estricto
positivismo o de una actitud de inhibición personal ante la conic-
tiva situación política española. Entre los pocos que lo hacían me
gustaría destacar a Ramón Sainz de Varanda, profesor de Derecho
político en Zaragoza.
Lo cierto es que en 1973 termino la licenciatura en Psicología, una
disciplina aún de poco arraigo profesional en España, y mientras
empiezo a buscar trabajo, mis padres me convencen de que conclu-
ya los estudios de Derecho, de nuevo en Zaragoza. Al matricularme
de nuevo allá, compruebo que en los tres años transcurridos desde
que dejé esa Facultad de Derecho se ha producido una renovación
sustancial del profesorado, que da lugar a que me encuentre ante,
probablemente, la mejor Facultad de Derecho en España en esos
momentos. Baste citar unos nombres: José Cerezo Mir en derecho
penal, Juan Rivero Lamas en derecho del trabajo, Manuel Ramírez
220 Cuadernos de Derecho Penal
ISSN: 2027-1743 / 2500-526x [En línea], enero-junio de 2017
Jiménez en derecho político, Lorenzo Martín-Retortillo en derecho administrativo,
José Luis Lacruz Berdejo en derecho civil, Juan José Gil Cremades en losofía del
derecho, José Lalinde Abadía en historia del derecho, José Antonio Pastor Ridrue-
jo en derecho internacional, entre otros. Y lo que es igual de importante, están
acompañados de un buen número de discípulos, jóvenes profesores de gran valía,
como el tiempo demostrará, y que sería largo enumerar. Me deslumbró el alto
nivel académico de todos ellos, así como el compromiso político de muchos. De
todos modos, yo ya he adoptado una actitud muy selectiva en materias jurídicas,
y concentro mis esfuerzos en aquellas disciplinas con mayor contenido social. Mis
estudios de psicología me arrastran de manera natural al derecho penal.
Allí me encuentro con un universitario ejemplar, José Cerezo Mir, que me
muestra en su persona lo que es alcanzar la excelencia académica. Constituía un
reto en toda regla, que asumo y que me lleva a desarrollar una convencional carre-
ra académica, con defensa de tesis doctoral en Zaragoza en 1981, estancias largas
y reiteradas en Alemania, en el Instituto Max Planck de Friburgo, y obtención por
oposición, tras etapas intermedias, de la cátedra de derecho penal en la universi-
dad de Málaga en 1986. Llego a un departamento de derecho penal recién creado,
en el que está casi todo por hacer, y me involucro con entusiasmo en la tarea. Han
pasado 30 años desde entonces, y los resultados, creo, han sido satisfactorios. Aho-
ra mismo somos cerca de 20 personas dedicadas al estudio de la política criminal,
el derecho penal y la criminología.
C.D.P: ¿Cuál es el teórico del Derecho penal que más ha inuido en su formación
como académico y como cultor de las disciplinas jurídico-penales?
Profesor DÍEZ-RIPOLLÉS: Cuando me entrevisté por primera vez con Cerezo
con la voluntad de iniciar una carrera académica bajo su tutela, le dije que quería
hacer una tesis doctoral de política criminal. Eso, en 1975, en un momento de gran
progreso de la dogmática penal española, era una pretensión bastante pintoresca.
Y más, si se lo decía a uno de los grandes representantes de esa dogmática penal
española. Cerezo hizo algún comentario escéptico sobre lo prometedor de seme-
jante enfoque, pero, digamos, decidió dejarme hacer dado lo resuelto que yo esta-
ba. Esta anécdota creo que reeja bien mi punto de partida.
He de decir, sin embargo, que la suerte de encontrarme en uno de los lugares
donde mejor dogmática se hacía en España me enganchó de inmediato, de modo
que mis primeros trabajos, aparecidos antes o inmediatamente después de la publi-
cación de mi tesis doctoral, eran trabajos dogmáticos de parte general. De hecho, no
he dejado de publicar sobre dogmática de parte general en ningún momento, tengo
un manual que está en su cuarta edición, y sigo como el primer día subyugado por
la sutileza conceptual, fuerza discursiva y capacidad garantista de esta rama del
derecho penal. Cerezo fue un excelente maestro, y a él le debo la mayor parte de
mi formación dogmática. Tuve el privilegio de trabajar puerta con puerta con él
durante casi 10 años, justamente aquellos años en que redactó la mayor parte de su
manual de derecho penal, y sus salidas del despacho para, con cualquier excusa,
hablar con el que tenía más cerca, casi siempre yo, sobre el tema que le preocupaba

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