Parrhesía y compromiso discursivo ciudadano: La paradoja de Sócrates y la diferencia del coraje de la verdad - Núm. 17, Julio 2015 - Nuevo Derecho - Libros y Revistas - VLEX 638147789

Parrhesía y compromiso discursivo ciudadano: La paradoja de Sócrates y la diferencia del coraje de la verdad

Autor:Rafael Alejandro Betancourt Durango
Cargo:Abogado de la Institución Universitaria de Envigado
Páginas:79-94
RESUMEN

Este artículo explora el carácter discursivo de la parrhesía y su veridicción, su dimensión éticoestética, el problema de la formalidad lógica de la verdad y siete rasgos desde su perspectiva discursiva. Resalta la función de la parrhesía como homología y plantea la inversión participativa del discurso del parrhesiasta entendido como el afirmador de la verdad.

 
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Parrhesía y compromiso discursivo ciudadano: La paradoja de Sócrates
y la diferencia del coraje de la verdad*
Rafael Alejandro Betancourt Durango**
Resumen: Este artículo explora el carácter discursivo de la parrhesía y su veridicción, su dimensión ético-
estética, el problema de la formalidad lógica de la verdad y siete rasgos desde su perspectiva discursiva. Resalta
la función de la parrhesía como homología y plantea la inversión participativa del discurso del parrhesiasta
entendido como el afirmador de la verdad.
Palabras clave: parrhesía, persona, veridicción, discurso, homología, compromiso
Abstract: This paper explores the discoursive nature of the parrhesía and its veridiction; ots ethical-
aesthetical dimension; the problem of the logical formality of trut; seven traits its has from a discoursive view-
point. The paper highlights the parrhesía functioning as homology, and points out the participative inversion of
the discourse of the parrhesiast, as the one who states the truth.
Key words: parrhesía, person, veridiction, discourse, homology, commitment
Nuevo Derecho, Vol. 11, No. 17, julio-diciembre de 2015, pp. 79-94 - ISSN: 2011-4540. Envigado –Colombia
* Artículo resultado de la investigación Dimensión ética del concepto de ciudadanía, adelantado en la Maestría
en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, dirigido por el docente Juan Edilberto Rendón Ángel, Magister
en Filosofía y candidato a doctor de la Universidad de Antioquia.
** Abogado de la Institución Universitaria de Envigado y candidato a Magister en Filosofía de la Universidad Pon-
tifica Bolivariana. Especialista en Seguridad Social de la Fundación Universitaria María Cano. Docente investigador
de la Facultad de Derecho de la Institución Universitaria de Envigado, miembro activo del grupo de investigación
Auditorio Constitucional. Correo electrónico: alebetadura@hotmail.com
I. El compromiso con la veridicción
La reflexión respecto a la relación entre dis-
curso, participación democrática y persona
que se propone en este artículo es al mis-
mo tiempo polémica y sugerente. Particular-
mente, es polémica debido a los juegos de
sentido que aventura a plantear respecto a
la continuidad del pensamiento por lo pú-
blico, juegos con los cuales se compromete.
Es de igual manera, sugerente, toda vez que
la política como arte de lo posible reclama
un agenciamiento que, de modo implícito,
acepta que tal posibilidad se reduce a la ac-
tuación de una persona específica en una
situación específica.
En efecto, el dilema profundo que se en-
frenta aquí es el de la realización individual,
señalable con el dedo, de la justicia como
principio fundamental del quehacer colecti-
vo, es decir, de su capacidad de tener expre-
sión concreta en la democracia que admite
el discurso polémico.
Esta relación tripartita democracia-justicia-
persona es polémica porque puede sorpren-
der que se le dedique un esfuerzo filosófico
profundo a establecer una relación entre la
democracia de la actualidad con el plantea-
miento de los textos de Platón, quien, habien-
do pertenecido a la civilización que la propu-
so, fue tan severo con ella. Dado que el tema
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Rafael Alejandro Betancourt Durango
fundamental que vincula a la filosofía y al de-
recho en este punto es la justicia, sorprende
que autores como Przeworski (2010, 2012),
Dworkin (2010) y Sandel (2009) apenas si
hagan referencia a Platón en su esfuerzo re-
flexivo respecto a la relación tensionada entre
este principio fundamental y su funcionalidad
democrática. No cabe duda de que el plan-
teamiento político platónico es elitista, y que
su desconfianza y reserva hacia la democracia
adquiere los lineamientos del desprecio.
En ese sentido, en Platón es clara la influencia
pesimista de Heráclito respecto a lo público,
por lo que sorprende la elisión, intencional
o inadvertida, que hacen de Platón muchos
de los autores que en la actualidad piensan
la relación entre democracia y justicia. De
ahí que la persona, la cual no se ignora ni
se omite, tampoco cumple con el rol central
que se le quiere conceder en lo que sigue.
Para que esta propuesta sea posible, se hace
necesario que exista un elemento que dé
relevancia al esfuerzo, y que lo haga via-
ble y sugerente. Y es que hay una diferen-
cia fundamental entre la postura de Platón
como autor de los diálogos, particularmente
el Gorgias, el Protágoras y la Apología, y la
influencia que Sócrates, como fuente y fuer-
za inspiradora, tuvo sobre él en esa relación
paradójica entre el maestro querido pero si-
lencioso –el maestro que no escribe– y el
discípulo genial y comprometido que trató
de llenar de significado ese silencio.
En efecto, uno de los rasgos básicos de la
filosofía platónica es que no es uniforme,
y hay un sector de la obra, el que se con-
sidera la primera parte o de juventud, que
tiene una indudable influencia directa del
maestro en lo que respecta al valor político-
democrático de las reflexiones que se llevan
a cabo en ella.
En efecto, a pesar de que es imposible deter-
minar a cuál de los dos filósofos pertenecen
las reflexiones dado que quien escribió fue
Platón pero en un clima emotivo y teórico
influenciado por Sócrates, esta parte de la
obra está abierta a una lectura no solo po-
lítica sino democrática. Esto se debe a que
aquella cumple un papel de hecho y el pa-
pel que puede cumplir en teoría el ciudada-
no en cuanto persona, es decir, caracteriza-
do por la doble vertiente del compromiso
público y de la aspiración privada.
Como se verá, en Sócrates no se puede esta-
blecer una distinción entre ambas vertientes,
pues el hijo de Sofronisco dedicó su vida a
tratar de comprender el oráculo negativo del
dios de Delfos, el cual respondió que no a la
pregunta de si había alguien más sabio que
Sócrates en la Hélade. Pero esa dedicación
hizo necesaria una interacción pública, y por
tanto política, que tuvo interesantes implica-
ciones que, de la mano de Michel Foucault,
vale la pena precisar como eminentemente
democráticas, a pesar de que sea la demo-
cracia misma la que, después de condenar a
Sócrates a muerte, queda en entredicho.
Esto último demuestra que en la obra de
Platón hay elementos de interpretación de
la democracia como un sistema de gobier-
no que, por muy reprochable que sea, fue
el sistema de la Atenas clásica, el mismo
que Sócrates honró al obedecerlo, aunque
de modo claramente paradójico al cumplir
con una sentencia que creía injusta. Platón
pensó que, al condenar a muerte a Sócra-
tes, la democracia se condenaba a sí misma
como sistema de gobierno injusto. Pero la
obediencia misma de Sócrates es un aspecto
polémico, irónico si se quiere, que no haya
sido tenido debidamente en cuenta, y que
puede estar indicando que vale la pena pre-
guntarse por la viabilidad de la democracia,
a pesar de su imperfección, o quizá debido
a la misma.
De acuerdo con lo anterior, cabe plantear
que en la obra platónica existe un campo de

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