La presión de los derechos humanos y la democratización circa 1978-1990 - Estados de excepción y democracia liberal en América del Sur: Argentina, Chile y Colombia (1930-1990) - Libros y Revistas - VLEX 648930045

La presión de los derechos humanos y la democratización circa 1978-1990

Autor:Jorge González Jácome
Páginas:233-339
 
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CAPÍTULO 3
La presión de los derechos
humanos y la democratización
circa 1978-1990
Introducción
A finales de la década de 1970 e inicios de 1980, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos y Amnistía Internacional visitaron Argentina, Chile
y Colombia y publicaron unos informes en donde denunciaban graves vio-
laciones a los derechos humanos en estos tres países. Los informes socavaron
la reputación y legitimidad de los tres gobiernos y mostraron que el discurso
de derechos humanos podía ser potencialmente desestabilizador de los
regímenes existentes. Esto generó una nueva perspectiva para la izquierda
respecto del significado de los derechos individuales y la democracia en Amé-
rica Latina. Incluso para los Sandinistas en Nicaragua, el naciente discurso
de derechos humanos y su protección institucional a través de la Comisión
Interamericana se convirtió en un factor clave para el derrumbamiento del
régimen de Somoza1. A pesar de que el triunfo de los Sandinistas hacía que
un sector de la izquierda latinoamericana renovara su fe en la lucha armada
y la revolución como herramientas esenciales para el cambio, el discurso
sobre derechos individuales universales y la democratización se tomaron
1 Por regla general, los informes de la CIDH contienen una serie de recomendaciones para que los
gobiernos mejoren la situación de derechos humanos. El reporte sobre Nicaragua de 1978 no
contenía recomendaciones al régimen de Somoza; en su lugar, resaltaba la responsabilidad del
régimen en las violaciones de derechos humanos y expresaba que los nicaragüenses deseaban
el establecimiento de un régimen que respetara verdaderamente los derechos humanos. Véase
http://www.cidh.org/countryrep/Nicaragua78sp/conclusiones.htm
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ESTADOS DE EXCEPCIÓN Y DEMOCRACIA LIBERAL EN AMÉRICA DEL SUR
el lenguaje de la izquierda para la segunda mitad de la década de 1980. Este
capítulo muestra cómo ocurrió esto tempranamente en Argentina luego
de la derrota militar en las Malvinas. En Chile, donde Pinochet se mantuvo
en el poder hasta 1990, la izquierda decidió jugar de acuerdo a las reglas
de la Constitución de 1980 y construyó alianzas con el centro y la derecha
moderada. En Colombia, los grupos guerrilleros entraron en negociaciones
de paz en 1982, lo cual tuvo como resultado la desmovilización del M-19 y
el intento de crear un partido político de izquierda de parte de las Farc, el
grupo guerrillero más antiguo.
En este capítulo sostengo que las ideas sobre derechos humanos iban
de la mano del impulso de la democratización. La izquierda no solamente
usó los discursos de derechos humanos para acusar al régimen de tortura,
desapariciones y juicios injustos, sino también parar resaltar cómo los re-
gímenes no garantizaban la participación política a sectores excluidos lo
cual causaba violencia política. Por ello, la recuperación de los derechos y
libertades políticas era necesaria para el restablecimiento, en el caso de Chile
y Argentina, de un orden democrático que los regímenes autoritarios habían
interrumpido. En el caso colombiano, donde los militares no se habían to-
mado el poder directamente y se habían mantenido elecciones formalmente
libres desde 1958, las ideas sobre derechos humanos y democratización
dispararon las críticas contra el orden político existente y desataron una
presión por la fundación de un nuevo régimen. No se trataba de recuperar
algo perdido sino de crear algo nuevo. Igualmente, como los niveles de
represión y militarización del país no habían sido tan explícitos como en
Argentina o Chile, la izquierda colombiana no solamente se concentraba
en los derechos civiles y políticos como ocurrió con los movimientos del
Cono Sur. También incluyeron en su repertorio los derechos económicos
y sociales resaltando que la violencia no solamente tenía causas políticas
sino socioeconómicas.
Este capítulo argumenta que las nociones de democratización y de-
rechos humanos se convirtieron en el vocabulario predominante en la
década de 1980 e impactaron las doctrinas constitucionales del estado de
sitio. Las nuevas ideas dotaron de una serie de herramientas a los pensado-
res políticos y a los constitucionalistas para criticar el frecuente uso de los
estados de sitio. En consecuencia, los constitucionalistas reinterpretaron
el estado de sitio a la luz de nuevas creencias en la democracia y los dere-
chos humanos y transformaron el propósito de los regímenes de excepción.
Mientras que en el periodo anterior la excepción había ido construyendo
un espacio de anomia que creaba un poder constituyente –Argentina y
Chile– y la expansión sin límites de un poder legislativo –Colombia– en
cabeza del presidente, los constitucionalistas de este periodo intentaron
amarrar el estado de sitio a la preservación de un sistema democrático.
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JORGE GONZÁLEZ JÁCOME
Ello llevó igualmente a un reacomodamiento de la derecha dentro de este
nuevo discurso y a que abrazara este nuevo lenguaje. Paradójicamente,
como lo muestra el caso colombiano, las ideas que previamente habían
usado los juristas antiliberales sobre la creación de la anomia a través de
la excepción resultaron útiles para la transformación democrática que el
centro y la izquierda impulsaron: la creación de la anomia fue necesaria
para lograr la reforma democrática.
El capítulo sigue la estructura de los anteriores: primero hay un mapa
de las ideas sobre derechos humanos que aparecieron desde la segunda
mitad de 1970 y luego analizo cómo estas ideas impactaron el pensamien-
to político en Argentina, Chile y Colombia. Finalmente, para cada país,
muestro las doctrinas constitucionales sobre el estado de sitio teniendo
como telón de fondo las nuevas concepciones políticas sobre el Estado, el
individuo y la sociedad.
El amanecer de los derechos humanos y el atractivo para la
izquierda y la derecha
En enero de 1977, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, afirmaba
en su discurso inaugural que su país tenía “un compromiso absoluto res-
pecto a los derechos humanos”. Sostenía que el “mundo estaba dominado
ahora por un nuevo espíritu” en el cual la gente demandaba la satisfacción
de sus “derechos humanos básicos”. Carter creía que los Estados Unidos era
una “nación puramente idealista” que tenía que ayudar a otras en lograr la
satisfacción de sus “derechos humanos”. En su discurso Carter implícita-
mente consideraba que las creencias morales y el compromiso con ellas era
lo que diferenciaba a los Estados Unidos de sus rivales en la Guerra Fría. El
presidente buscaba una aproximación moralista a la Guerra Fría y concluía
diciendo: “tendría la esperanza de que las naciones del mundo puedan decir
que habremos construido una paz duradera, construida no sobre armas de
guerra sino sobre políticas internacionales que reflejen nuestros valores
más preciados”2. En un discurso de grados en la Universidad de Notre Dame
algunos meses más tarde, Carter afirmaba que los “derechos humanos”
eran los principios guía de la política exterior de los Estados Unidos, lo
cual implicaba una renovación de las creencias morales de la nación que
habían sido socavadas luego de la Guerra de Vietnam. En consecuencia,
Carter prometía usar “el poder y la influencia [estadounidense] para pro-
pósitos humanos” promoviendo y apoyando la lucha por la democracia
en diferentes partes del mundo. Carter confiaba en globalizar lo que veía
2 Jimmy Carter, “Inaugural Address, January 20, 1977”, http://www.presidency.ucsb.edu/ws/
index.php?pid=6575
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